Nosotras
Esta historia se remonta a más de 2 décadas.

El Camino que se Convirtió en Llamado.


Este programa es el fruto de más de 20 años de camino, de escucha y de transformación. Florencia Sabio Lhande se convirtió en doula por el año 2006, luego de haber sido madre y desconocer el rol. Se volcó en el acompañamiento a otras mujeres que deseaban estar informadas para sus procesos y comenzó a organizar formaciones para acompañar la maternidad desde el rol de Doula.


Más de 500 mujeres han atravesado nuestras formaciones presenciales y on-line, y muchas de ellas expresaron lo mismo, este conocimiento y este habitarse no podía quedar sólo en manos de quienes desean ser doulas. Porque lo que aquí sucede va mucho más allá de una profesión: es un regreso a una misma.


Es un proceso de volver a habitar el cuerpo, de comprender la propia historia, de comenzar a mirarse con compasión. Muchas profesionales de la salud, de la educación y del acompañamiento llegan a nosotras reconociendo algo esencial: en sus carreras no les enseñaron a mirar con perspectiva, con profundidad, con humanidad. Muchas mujeres y mujeres madres que hicieron la formación quieren que sus hermanas, sus amigas, sus madre y suegras tengan esta información.

Mujeres que desde el corazón quieren que las demás mujeres se conozcan, re conecten con su cuerpo y puedan escucharse.


Al descubrir esta forma de comprender los procesos vitales: la ciclicidad, el nacimiento, el cuerpo emocional, la matresencia, la vida misma; sienten que algo se ordena, que algo encuentra sentido.



Mujer, Madre, Magia nace de todo ese recorrido.

3 razones por las que nace este programa.
  • -1-
    De la necesidad de sostenernos con una mirada exclusiva, profunda, amorosa.
  • -2-
    De posicionarnos, con decisión, a favor de la vida, de la conexión, de la presencia.
  • -3-
    De la necesidad de comprender nuestros cuerpos y recuperar el Valor de la Maternidad.
Te espero, Florencia Sabio Lhande.
Siempre supe que quería ser madre.

Fui esa amiga que estuvo cuando otra abrió el camino de la maternidad a los 19 años. La que sostuvo sin juzgar. La que acompañó buscando sentido. Y cuando llegó mi momento, rodeada de amor y apoyada por mi compañero, empecé a ver con más claridad algo que me dolía: la poca confianza que muchas mujeres tienen en sus cuerpos, en sus decisiones, en su sentir profundo.
Vi cómo se sometían a lo patológico, a voces externas, a indicaciones frías sobre lo que “debía” ser.
También vi que otro camino era posible.
Tuve a mi hija en un parto natural, luminoso, reído y sostenido. Fue en el Hospital del Mar, en Barcelona, en 2004. Estuvieron allí mi madre, mi amiga, mi pareja. Cada uno a su manera, sosteniendo mis deseos, mis tiempos, mi cuerpo.
En la crianza descubrí la palabra "doula", pero mucho antes de saber su nombre, ya la había vivido.
Mi amiga fue esa presencia discreta y disponible que me ayudó a buscar información, me abrazó en la duda y me acompañó en la certeza.
Ahí entendí que acompañar no era decir qué hacer, sino estar disponible para que la otra encuentre su propio camino.
Entonces, me formé con Michel Odent, Liliana Lammers, Laura Gutman, y otros muchos profesionales; comencé a acompañar familias y a facilitar formaciones para otras mujeres que, como yo, sentían ese llamado.
Hoy, después de 18 años, sigo con el mismo fuego en el corazón.
Sigo creyendo que recuperar EL VALOR DE LA MATERNIDAD es urgente y profundamente transformador.
Que podemos transitarla desde la armonía, desde la comprensión, desde la presencia.
Por eso nació Mujer, Madre, Magia.
Como un espacio de encuentro real. Un tejido de voces, cuerpos, historias y decisiones.
Un lugar donde recordar juntas que no estamos solas. Que acompañadas es más fácil. Más liviano. Más humano.
Si sientes este llamado, si algo de esto te vibra, si quieres mirar tu historia con otros ojos, te invito con todo mi corazón a ser parte.
Quiero abrirme para que te abras. Quiero compartirme para que compartas.
Porque cuando una mujer se atreve a ser con otras, algo se enciende y ya no se apaga.

Te espero. Con amor, Florencia.